Cuando estás, pero realmente no estás

¿Sabes ese momento cuando estás jugando con tus hijos pero realmente no estás?... físicamente estás ahí, pero tu mente está lejos, muuuy lejos, quizá en la cocina o en el teléfono, o pensando en qué harás de comer toda la semana, o cuánto quisieras dormirte 15 minutos, o en esa llamada que llevas todo el día tratando de hacer.

El otro día estaba jugando con el más chiquito de mis hijos, sacamos la caja de cubos de madera y nos pusimos a armar castillos y torres. Por supuesto que mamá armó su gran castillo en 10 segundos, mientras que Daniel apenas había colocado tres cubitos, ¿y cómo no? si es apenas un pequeñito de 2 años. Cuando intentó colocar el cuarto, el resto se vino abajo, a lo que soltó la carcajada y volvió a empezar; lo mismo se repitió otras seis veces, y la misma carcajada volvía a salir de su boquita.

 

 

Pero mamá no estaba riendo, mamá tenía prisa por terminar el castillo para seguir con los otros mil pendientes. Y fue entonces, cuando me di cuenta que en realidad yo no estaba ahí. Me estaba perdiendo de un momento que muy pronto dejará de existir para siempre.

Así que no pude más que suspirar y pensar en esto: el tiempo con mis hijos no es una carrera que tengo que terminar pronto para continuar con la siguiente actividad, no se trata de hacer las cosas rápido para aprovechar el día y avanzar el mayor número de pendientes posibles... porque lo cierto es que nunca se ha tratado de TERMINAR, si no de ESTAR y DISFRUTAR.

 

¿Sabes?

¿Sabes? En menos de lo que nuestra mente puede  imaginar estos años se habrán ido, esas risas inocentes y esas cabecitas curiosas y tan fáciles de sorprender, todo se habrá marchado y no quiero voltear atrás en unos años y ver que no los disfruté lo suficiente por estar pensando en las tantas cosas de la casa que siempre serán pendientes.

Este año decidamos ser mamás que se echen al suelo, jueguen, rían y se asombren, sin estar mirando el reloj... mamás atentas, mamás presentes, mamás que se ataquen de la risa y bailen como si nadie las viera, porque estoy segura que todo eso se irá directo al corazón de nuestros hijos y NUNCA JAMÁS será olvidado. 

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Selina Viesca